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lunes, 11 de abril de 2016

“Bolero” y “Moscas”: la danza de la corrupción en La Guajira


El vocablo popular se ha fortalecido en Venezuela, se  ha posicionado en el argot común para referirse a los delitos o acciones de la ciudadanía que evade los  controles aplicados por el Estado para la supervivencia, porque  queda claro que hay un alto grado de corrupción.

Por; Olimpia Palmar
Miembro de la Red de Comunicación
del pueblo Wayuu Putchimaajana
Yanaidys16@gmail.com/ @Olimpia_Palmar 

Para la gente la acción de buscar alimentos en un supermercado se ha convertido en “bachaqueo”, homónimo de la faena que realizan los bachacos (especie de hormiga) para recolectar sus  alimentos.

Para el Gobierno el “bachaqueo” significa ir a comprar productos a precio y expendio regulado y viajar a Colombia para su reventa, lo que implicaría el delito de contrabando de extracción.

El termino se ha naturalizado, tanto por su frecuente uso en boca de los voceros del Gobierno, ya no se distingue quienes compran para su casa y quienes para el acto ilícito. En tal sentido, las comunidades indígenas que habitan la frontera, aunque con idiomas propios también reproducen términos.

El vocablo popular se ha fortalecido en Venezuela, se  ha posicionado en el argot común para referirse a los delitos o acciones de la ciudadanía que evade los  controles aplicados por el Estado para la supervivencia, porque  queda claro que hay un alto grado de corrupción.

El Municipio  Guajira al norte del Estado Zulia  es custodiada por ocho puntos de control del Ejército Nacional Bolivariano (ENB) y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), dos más bajo tutela del Cuerpo Policial Bolivariano del Estado Zulia (CPBEZ), uno por la Policía Municipal Guajira y otro más por el Cuerpo de Investigaciones Científicas,  Penales y Criminalística  (CICPC)

El argumento para tantas restricciones: la ubicación geográfica,  los lindes fronterizos con la tierra colombiana del Departamento de La Guajira ha desarrollado una habilidad única para entender y aplicar nuevas definiciones en la llamada “Frontera de Paz”.


Cabe destacar que desde septiembre pasado se mantiene cerrado el paso ente ambos países en el sector de “Paraguachon”, por mandato presidencial de Nicolás Maduro, jefe del Estado venezolano. A continuación un glosario de los términos utilizados:

El punto: encabeza la lista del diccionario de la corrupción. Se refiere a una pimpina de 25 litros de gasolina. Cabe destacar que el referente es de uso común por la población quién se ve obligado a comprar combustible fuera de la única estación de servicio que existe en la zona y la cual regula la venta con chip de gasolina.

La maraña o matraca: es la cuota (dinero) entregada a los efectivos militares para que no incaute el cargamento de contrabando. El  gobernador del Zulia, Francisco Arias Cárdenas, acuñó el término en un acto militar el pasado 4 de febrero cuando  se refirió al negocio que se ha establecido por los puntos de control en la zona.

El monto a pagar depende de la cantidad de mercancía y oscila entre 200 a 2 millones de bolívares fuertes.

Tumbe: si el proceso de negociación no se da, es decir, si no se da la maraña, entonces se incurre en un “tumbe”, que se traduce en el decomiso del cargamento a contrabandear.

Bolero: persona que se encarga del cobro de la “matraca”. Camuflajeado con el aspecto de vendedor informal, utiliza una mochila wayuu o bolso cruzado y se ubica en las cercanías del punto. Su función es recibir el dinero exigido a los contrabandistas o transeúntes por los cuerpos de seguridad, definición que dista del género musical.

Moscas: son los encargados de concretar el acuerdo sin novedades que alerten o alteren el orden público.

Para conocer estos términos y ver su aplicabilidad no se necesita hacer una aventura, infiltrarte o esperar a que caiga la noche; viajar en un carro por puesto es suficiente. Viajar sin equipaje, paquetes o bolsas te convierte en un pasajero predilecto.

Durante el viaje en los vehículos con asientos desgastados,  el olor a gasolina y el vallenato a todo volumen, se escuchan las anécdotas de los choferes y pasajeros, frases como “aumentaron la maraña” o “dáselo al bolero” se vuelve normal al cruzar el puente sobre el río Limón o cualquier punto de control apostados en la troncal del caribe ruta que comunica a Venezuela con Colombia.


Es común que la señora que viene al lado le diga al conductor “arregla vos”, mientras que el maletero está abarrotado de productos y mercancía cuyo destino, muchas veces, no es Colombia, o tal vez sí.

En el recorrido de los  100  kilómetros que existe entre Maracaibo y la  población de Paraguaipoa es común ver camiones con cargamento de alimentos para atender en teoría  a la Guajira éstos reciben una firma aval de la Sala Situacional ubicada en el puente Rio Limón y conformada por autoridades nacionales a través del Ministerio de Pueblos Indígenas,  la secretaria de la Gobernación del Estado Zulia y Alcaldía de la Guajira y representantes militares , este sello le permite el libre tránsito con sus cargamentos porque  cumplen con las normativas estipuladas por la Superintendencia Nacional de Silos, Almacenes y Depósitos Agrícolas (Sada), para atender el déficit de alimentos.


Entre términos y palabritas, anuncios y protocolos,  medidas y controles el contrabando de combustible y alimentos circula a diario por la Guajira entre su carga evidencia la corrupción y complicidad de quienes deben proteger la economía nacional y a su paso deja entre la población wayuu indignación y miseria.

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